Page 30 - Miradores y Pueblos del Concejo de Ponga
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Nélida Priede
            Profesora




            Un pequeño lugar

            en el paraíso





        Si desde Sevares accedemos a Ponga por la Collada Moandi, nos encontraremos con un
        paisaje que impresiona al visitante, con un grupo de montañas que parecen proteger al valle
        del río Semeldón.


        El primer pueblo que encontramos al descender es Cazo, un lugar que a todos sorprende por
        sus casas de piedra, muchas con corredores, su torre medieval, su iglesia del siglo XVIII, sus
        horreos, su fuente “vieya” y muchas otras cosas que el viajero irá descubriendo al adentrarse
        en él.


        Pero, además de su paisaje espectacular, Cazo también tiene algo que sorprende al
        paseante, son sus gentes, cálidas con el que los visita, amables, siempre dispuestos a mostrar
        y a relatar todo lo relacionado con su pueblo, del que se sienten muy orgullosos.
        Es un pueblo que nació y creció alrededor de la torre, como coto o señorío de Cazo, propiedad
        de la familia Caso.


        Todos sus vecinos se dedicaban a la ganadería y a la agricultura, en pequeñas explotaciones,
        era una economía de autoabastecimiento, con una orografía --complicada que dificultaba
        aún más el trabajo.  Esto dio lugar a la emigración en busca de una vida mejor y a la vez
        facilitó la vida a los que quedaron que dispusieron de más terreno y como consecuencia
        de más riqueza. Llegando a la época actual en la que únicamente una familia se dedica a
        la ganadería, aunque sí se pueden contemplar los pequeños huertos de los jubilados que
        disfrutan volviendo a sus orígenes y al contacto con la naturaleza.


        Yo que nací y pasé mi infancia allí, puedo afirmar que despertar en Cazo es un auténtico lujo,
        escuchando el canto de los pájaros desde el amanecer, contemplando esas rocas calizas
        que lo rodean, las múltiples tonalidades de verde de sus robles, castaños, fresnos, avellanos,
        nogales, cerezos… si es primavera o esos colores cálidos que nos aporta el otoño y, sobre
        todo, el silencio que nos permite escuchar hasta el mínimo ruido.
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