Page 21 - Virgen del Camino
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una seriedad mayor. Por allí pasaba toda la tropa de “clásicos” con los que,   de los clásicos del siglo de oro y llegamos al mundo moderno de Lorca y
 poco a poco, nos íbamos familiarizando. Algún, posteriormente, famoso   Gerardo Diego, de Valle Inclán, de Buero Vallejo.. . Con el latín descubríamos
 director de orquesta comenzó a sentir el gusanillo de esa labor misteriosa,   raíces explicativas de nuestro idioma común. Contábamos con un salón
 aprendiendo desde esos años el valor del sonido y los silencios, todo ello   de teatro. En él se celebraban amenas fiestas donde quedaba patente la
 encajado en los compases que dan sentido y dividen las melodías.  creatividad de los que se sentían músicos y actores en ciernes. No faltaron
        representaciones  de  autos  sacramentales  de  Calderón,  enriquecidos  con
 Una muestra de ese ambiente musical cuidado fue la “escolanía” que animó   música propia, dando más realismo a lo representado. El animador de todo
 y solemnizó durante años las celebraciones en el santuario. No era infrecuente   ello era un exactor que había dejado la farándula para convertirse en un
 ver  a  muchos  leoneses  de  la  capital  acudir  a  esas  misas  para  vivir  su  fe   gran predicador. Lo era y tenía tablas, el mismo fr. José María Guervós.
 disfrutando de la escucha de unas melodías bien interpretadas con voces
 educadas  y  cuidadas.  Un  músico  leonés,  Joaquín  Hernández,  sacerdote,   Unos extensos campos de deporte facilitaban la práctica del ejercicio físico
 autor de piezas inolvidables, originales en su composición y no siempre fáciles   y, cosa rara en aquellos tiempos, contábamos con una amplia piscina que
 de interpretar, fue quien compuso un himno, un tanto olvidado, pero rico en   ayudaba a descubrir lo maravilloso que es desenvolverse con soltura en el
 melodía y contenido. Cómo no recordar esa letra de fr. José María Guervós,   agua, sin peligro de quedar dormido para siempre en la suavidad de sus
 sin sentir la añoranza que contiene:   formas.

 Desde niño mis labios entonan tu canción.
 Desde siempre te quiero, ¡oh Reina de León!   Comunidad educativa
 Mi madre me enseñaba a abrirte el corazón
 y a contarte mis penas en continua oración.  El grupo de profesores estaba formado por los mismos frailes que nos
        acompañaban en la formación. Por eso, todo lo que recibíamos contaba
 Ave María, Estrella del Camino;
 oye, Madre, la voz de un caminante   con una unidad que desembocaba en una formación humana y cristiana
 en busca de la patria peregrino.   que conducía a los mismos valores del humanismo religioso. Pese a vivir
 Quiero ir a tu morada sin dolor   tiempos de fácil adoctrinamiento, no era ese el sello que dominaba en aquel
 después de este destierro en que ahora vivo.   ambiente.
 Reina de la montaña y de León,   La apertura a la verdad nos iba enseñando a ser cautos en los juicios y críticos
 llévame tú a los brazos de tu hijo,   con lo que se llevaba como norma en la mayoría de los ámbitos formativos.
 cuida mis pasos, no me desampares,   El patrioterismo no entraba en aquella casa donde se apreciaba el valor y la
 soy caminante, ¡Virgen del Camino!  riqueza de nuestra cultura sin exclusivismos.




 Las horas del esfuerzo y la constancia  El Santuario siempre presente.

 Un ancho pasillo acogía las aulas donde recibíamos las clases. Amplias, con   Eran muchas las ocasiones en que nos hacíamos presente en el Santuario.
 inmensos ventanales que daban a zonas recoletas donde crecían rosales   Pasábamos  por un túnel  que conectaba  el colegio con el santuario. Así
 y arbustos variados. En ellas aprendimos a saborear el lenguaje misterioso   evitábamos los peligros que entrañaba atravesar la carretera. Allí nos uníamos
 de las “jarchas” con ese balbuceo del español, mezclado con términos   a cuantos acudían a expresar su fe. Nuestro sitio era siempre el coro. Todos
 arábigos. También aprendimos a descubrir a Berceo y El Cantar del Mío Cid.   los actos concluían con el himno a la Virgen del Camino. Una letra sencilla,
 Así fuimos aprendiendo a valorar nuestro idioma, dejándonos conducir por   sentida, con una melodía tonificada con cierto sabor a nostalgia de ese
 quienes sabían animar y corregir. Con naturalidad entramos en el mundo   más allá que rezuma siempre la composición religiosa lograda. Todavía hoy,



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