Page 27 - Virgen del Camino
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HOMO VIATOR
Fray Álvaro Huerga Teruelo, O.P. † El hombre es un viajero en esta vida, la vida de cada hombre, y apropiándola,
a la pregunta: «¿Qué es la vida?», le damos ya un sentido personal: «¿Qué
es mi vida?».
El poeta Jorge Manrique la comparó a los ríos, que siempre viajan y no
regresan. El símil del río tenía en el poema una connotación fúnebre, ya que
LA VIDA HUMANA COMO VIAJE sus versos no cantan, lloran. Para él, como para todo fiel cristiano, la vida
fluye como los ríos. Nunca para de correr. La vida corre también, es una,
viaje uno y único. El hombre, pensando en la propia vida, alguna vez se
detiene a pensar y a preguntarse: ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy? ¿Qué
¿QUÉ ES LA VIDA? soy? Filosofía y, si es teólogo, hallarán la respuesta exacta.
Esta es una pregunta que preocupa a todo hombre que, con la vida en las Pero no todos son teólogos. El filósofo a secas se sienta en el camino de la
manos, se detiene a pensarla. Se la han dado y tiene que hacerla o, en última vida a pensar, y no tarda en convencerse, porque la vida misma es maestra,
instancia y como opción personal, tiene que resolverla. Porque el hombre, en y velis nolis, quiera o no quiera, la misma vida te enseña que eres un viajero,
cualquier latitud o sitio en que esté, es un ser vivo, soledoso, ensimismado y porque su vida es un viaje. Con estos versos de poesía vital profunda, Juan
preguntón. Y entre tantos interrogantes que le surgen, en «su» pensamiento Ramón Jiménez describía el viaje de la vida en versos de oro y de fuego; y
se pregunta por sí mismo. La pregunta «¿Qué es la vida?» se le convierte en se erguía a teólogo, o a hombre de fe; ¡qué bello poema escribió, a la vez
«¿Qué es mi vida?». versos de poeta y versos creyentes:
De una manera o de otra, le intentará una respuesta. Si es dramaturgo «Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. Y se quedará un huerto con
responderá: «es un frenesí» una ilusión. Un «sueño». Si es filósofo, quizás se su verde árbol y su pozo blanco. Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
conteste que es enigma, o diciendo estoicamente que es «flor» que se y tocarán como esta tarde están tocando, las campanas del campanario».
marchita sola. Y si es un escéptico, dirá que no hay respuesta, que ella misma
huye, porque está claro que es fugitiva. Las campanas juanramonianas son mensajeros luminosos, no solamente
sonoros, que trazan el camino del río de la vida del hombre que ve y vive
PRESTIGIO DE UNA IMAGEN la vida con fe «vida y enamorada». Las campanas señalan el camino. Pero
De las muchas respuestas que se han dado a la inquietante pregunta, hay también hay posibilidad de que el hombre que no oye la voz de las campanas
una que goza de prestigio metafórico: es un viaje, sin retorno. Es también -voz de fe- se aturda y no oiga, ni acierte con el camino. ¡Lo pierda!
la respuesta que nos mete por los ojos del pensamiento y por el pálpito de EL CAMINO PERDIDO
la misma experiencia virtual -la vividura- o sea, el diario vivir, desde fuera
por estímulos incitantes que ofrecen los medios de comunicación social, Cuando un viajero pierde el camino, la sensación de no llegar a la meta, le
generosos atiborradores de viajes fabulosos a tierras incógnitas, paradisiacas. produce una amargura de ser un descarriado, un náufrago que camina a
Los muy expertos le desilusionarán, aseverándolos que tutto il mondo é paese ciegas, a oscuras.
(todo el mundo es más o menos igual). Hay un negocio que llaman «agencias El filósofo Séneca, hace ya muchos siglos, advertía que el hombre es el único
de viajes», que brindan viajes de recreo, de placer, de encantos y maravillas. ser vivo que puede «perderse». Y otro filósofo, este contemporáneo o del siglo
Todo por un puñado de dinero, que de eso se trata.
XX, opinaba, con escepticismo antropológico, que el hombre es frecuente
Pero volviendo página al llano y humano existir, nos vamos a aferrar a la un perdido. No dice de qué. Pues se limita al hecho. «No es cosa nueva ni
imagen susodicha, bella, honda y veraz: la vida es un viaje. Que es lo que los accidental.
clásicos designaban diciendo que el hombre es un viajero: es homo Viator.
Como es una fórmula transparente de alta tensión teológica, nos quedamos
con esa imagen.
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