Page 39 - Laviana
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se desnudaron del alma que no pudo elevarse a los cielos y allí quedó presa
rondando entre galerías, haciéndose gris grisú, vistiéndose de fuego bajo el
fulgor de las pupilas, sombras de vagones, estufas en los cabañas, brazos
fuertes como cables de acero llenos de carbón hasta los codos, el bocadillo
envuelto en el periódico lleno de noticias de bodas e inauguraciones, la
cantimplora y el vino encima de las maderas llenas de carbón.
Sabor a carbón, el ruido del martillo era como el de una ametralladora
con sordina, bidones y depósitos de combustible o agua, pobres mulas
cansadas, nostálgicas de los verdes prados, mulas llenas de tristeza, cuyos
ojos de azabache se velaron de gris grisú, grasa, carbón y hierro, grasa,
carbón y hierro, y también tornillos y tuercas y martillos y cadenas, madera
oscura con letras de tiza blanca, números apilados, en filas, al mando de los
signos del más o el menos, a veces también números solitarios, metidos en
sí mismos, vapor de viejas máquinas bajando al fondo de la tierra, barriles
y candados, y afuera, el cielo gris azul de la mañana, zuecos y madreñas,
cuarteles y barracones, detrás de las mallas de alambre corrían los niños a
cazar mariposas debajo de los tendales donde ondeaban camisas blancas
y monos de color azul.
El ruido del motor de los camiones que pasaban cargados de carbón
chorreando agua por los costados de la caja, gris oscuro de la carretera,
gris de las fachadas, verde gris del monte cercano, aguas grises del Nalón
oscureciéndose a medida que se alejaban. En la tarde de ayer, en el pozo
Sotón, perecieron ocho mineros a consecuencia de una explosión de grisú.
La ventilación era buena, dijeron los ingenieros, pero el grisú acumulado
había formado una bolsa, ayer se produjo una explosión resultando ocho
mineros muertos y cuatro heridos al reventar un barreno que estaba mal
cargado incendiando el grisú, en la conmoción volcaron los trenes del
interior obstruyendo el paso, un desprendimiento de tierras interceptó por
completo la galería, las planchas de los vagones manejadas horas antes por
los desgraciados que perdieron la vida fueron utilizados por sus hermanos
de trabajo para ir en busca de los cadáveres y en el silencio elocuente que
reinaba en todo el valle sólo se sintió en aquella hora el rodar de los fúnebres
carros de hierro, llegando uno a uno frente a la rampa que da paso a las
oficinas,
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