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mineros en el Socavón, los sacaron de la galería a duras penas, los montes
                 José Luis Mediavilla Ruíz                                                               de Asturias se encogieron de dolor, y los ríos crecieron de tantas lágrimas

                 Médico Psiquiatra                                                                       durante los tres meses siguientes las noches estaban hechas de oscuridad
                                                                                                         y fuego otra explosión de grisú en una mina ¿muchos los muertos?, siete
                                                                                                         señor, ¿cuántos estaban casados?, tres, los demás eran rapazas jóvenes, el
                                                                                                         accidente ocurrió en el piso primero donde trabajaban dos picadores, dos
                                                                                                         regadores, un estibador, un peón y un rampero, se cuenta que uno de estos
                                                                                                         obreros al huir de la explosión tropezó con el cuerpo de un compañero que
                                                                                                         había pretendido ganar la puerta de la entrada de la mina y al notar que aún
                                                                                                         daba señales de vida lo echó a sus espaldas, teniendo que abandonarlo más
        Gris Grisú                                                                                       tarde cuando agotado por el esfuerzo lo depositó en el suelo y comprobó
                                                                                                         que había muchos muertos.
                                                                                                         En la madrugada de ayer perecieron doce mineros a consecuencia de

        El martillo pesaba diez kilos, gramo arriba o abajo, y cuando se ponía en                        una explosión de grisú, los obreros que formaban parte del primer relevo
        funcionamiento producía entre cinco y ocho vibraciones por segundo al                            de la mañana tenían preparado el tren carbonero que entraba al interior
        penetrar en la veta de carbón hacía un ruido acompasado de ametralladora                         arrastrado por dos mulas, pero cada metro que avanzaban la respiración
        cuyas oscilaciones se transmitían como calambres por los brazos del minero                       se fue haciendo más difícil, por lo que pusieron las mulas al paso viéndolas,
        hasta alcanzarle la cabeza y los pies el minero y el martillo hechos una sola                    primero, cómo doblaban la cabeza sobre el suelo para caer, desplomadas,
        y  trémula  pieza  se  acoplaban  en  un  mismo  ritmo  y  penetraban  la  tierra                después.
        perforando el mineral que se iba desprendiendo como montones de uvas                             En una mina del Sotón perecieron once mineros a consecuencia de una
        negras.                                                                                          explosión  de  grisú,  la  magnitud  de  la  catástrofe  produjo  honda  impresión

        El martillo pesaba diez kilos, gramo arriba o abajo, y vibraba de forma                          en el vecindario, se: habló en un principio de que en una de las capas del
        incontenible provocando un temblor de carbón y de aire, trepidaba sin cesar                      grupo minero en que ocurrió la catástrofe había habido un desprendimiento
        y el minero se agarraba trémulo al martillo apretando los pies contra el suelo                   sepultando a doce obreros e hiriendo de gravedad a otros muchos, uno
        como para asirse mejor, subía la corriente por los brazos y el cuello y llegaba                  de los mineros que pudo escapar del lugar del accidente, preso de gran
        a la cabeza coronada con la luz del casco, fatiga y tos de madrugada,                            excitación, estaba rodeado de su esposa e hijos, que habían llegado al lugar
        algo de bronquios, dijeron, aunque también hablaron mientras colocaban                           del suceso tan pronto como oyeron los primeros rumores de lo sucedido,
        al trasluz la radiografía, de que no llegaba al primer grado y el minero hundía                  negro carbón, máscaras de carbón moviéndose en la oscuridad, el olor a
        el martillo en la veta negra como galopando un potro enloquecido, galerías,                      ropa quemada, a carne quemada, lamentos y oraciones rodaban galería
        torres de hierro, escaleras de hierro, puertas de hierro, cadenas donde colgar                   abajo, brotaban las llamas, dejando la carne al descubierto, gritos agónicos
        los monos y las botas de goma sobre un fondo de azulejos blancos, espuma                         en el estruendo de los trenes que se desbocaban, ayes sin fin.
        sobre el agua turbia de las duchas deslizándose por el suelo de cemento,                         Jaulas, cremalleras chirriantes, planchas de hierro por donde pisaban los
        filtrándose por las rejillas de los desagües.                                                    hombres vestidos de monos con el casco en la cabeza, botas hasta la rodilla

        De la más absoluta oscuridad surgió la llama bocamina adentro abriéndose                         y la lámpara abrazada al cuello caída sobre el hombro derecho como un
        un incierto camino hacia la luz del infierno en medio del estruendo de los                       hijo querido, raíles ·entrando en el infierno de la feria de la bruja sacudiendo
        martillos y los desprendimientos de bloques de roca, los derrabes de carbón,                     la escoba con sus huesudas manos, troncos de madera orillados en el suelo
        el aire sofocante y brumoso, se oía rugir el mar, dicen que baxu el mar la                       de  la  galería,  focos  de  luz  coronando  los  rostros  negros,  negro)  gris  grisú
        mina de la Camocha  y que a veces los mineros sienten les oles bramar                            escondido sin saber dónde, como el alma, ¿el alma?, dicen, decían que
        recordaba José León Delestal la voz del Presi acaso los marineros también                        abandonaba el cuerpo tras la muerte y subía, subía, como el humo, hacia
        sintieron explotar el grisú aquel siete de diciembre en el que murieron catorce                  arriba, humo de pajas, los milenarios árboles enterrados para siempre jamás



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